jueves, 23 de agosto de 2018

Equilibrio



   La primavera ya ha empezado en mí,
   emancipada en esos ojos caramelo,
   en esa expresión que da lugar
   dentro
   a todas las estaciones.

   Sin embargo
   me tambaleo 
   porque a ti te ha atrapado un invierno 
   que no da tregua, 
   que no se combate con peli y manta, 
   que devasta por dentro.

   Por eso escribo, 
   te escribo 
  (como hago muchas veces)
   para recordar.

   Para recordar que tú,
   cuando el mundo apenas tiene sonoridad, 
   te conjugas en prosa y en verso,
   en esa valentía que parece confeccionada 
   a la medida de tu sonrisa,
   haciendo malabarismos 
   por no caer 
   en el temido mar de tus pensamientos, 
   por no expandir
   el caos, 
   las nubes 
   de dolor 
   que cargas a tu espalda.

   No hay blanco o negro.
   Somos grises
   y aunque vistamos de muchos colores,   
   en tu piel late la electricidad 
   que evoca la luz,
   la primera que ví.

   De quien tú dices ser distinta
   yo contemplo un recuerdo que se actualiza, 
   una persona que muda sus miedos 
   para atreverse a ser ella misma.

   También miré al precipicio, 
   hace mucho tiempo
   y volví sin reconocerme 
   siendo yo todavía.

   Y, a veces, 
   me asusto 
   al pensarte 
   como un espejo 
   que he vuelto a romper.

   Pero sabes que esto no es efímero, 
   que estaré aquí
   dándote calor mientras te recompones, 
   guardando de que no pierdas
   ningún reflejo ámbar 
   en el proceso, 
   besando cada camino de sal 
   que pueda dibujarse en tu rostro, 
   como haces con mis cicatrices. 

   Por eso, 
   porque no conozco a nadie como tú, 
   porque nunca me he atrevido a aceptar a alguien 
   como a ti.
   De tus luces 
   y sombras (que no son tantas)
   has hecho un hogar 
   que no pensé que pudiera existir.

   Así que, relativista mía, 
  créetelo.
  
   Por ti avanzaría en esta cuerda 
   una y mil veces,
   porque te quiero (libre), 
   con pie firme
   aun sin conocer el otro lado, 
   porque sé que el mundo quedará
   bajo nuestro abrazo, 
   como siempre, 
   con tantos sueños por cumplir 
   que hoy 
   dormiré contigo aunque no estés
   por ir ganando tiempo. 


   

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